miércoles, junio 27, 2007

Mario Molina: 'Ya existen las tecnologías para frenar el cambio climático


Es escandaloso que la Administración de Bush haya presionado a científicos para silenciar la amenaza del calentamiento (EL MUNDO)
VALENCIA.- Mario Molina nació con hambre de conocimiento. Cuando sólo era un niño en su Ciudad de México natal, la insaciable curiosidad que ya sentía por comprender la naturaleza de las cosas era tan grande que decidió convertir uno de los cuartos de baño de su casa en un improvisado laboratorio de química. Y desde que se quedó totalmente fascinado por la belleza de las amebas al observarlas a través de un microscopio de juguete, siempre tuvo clara su vocación científica.

Tras licenciarse en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional Autónoma de México, inició una larga trayectoria internacional realizando estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo (Alemania) y doctorándose en Física Química por la Universidad de Berkeley (California). Posteriormente se unió al equipo del profesor Sherwood Rowland en la Universidad de California en Irvine, con el que colaboró para lograr el crucial descubrimiento que les llevó a ambos a ganar el PremioNobel de Química en 1995: el deterioro que estaba sufriendo la capa de ozono –el escudo natural que nos protege de los rayos ultravioleta del Sol– provocado por la acumulación de clorofluorocarbonos (CFC) procedentes de sistemas de refrigeración y otros procesos industriales.

Los trabajos pioneros de Molina sobre el agujero del ozono fueron la base científica sobre la que se estableció el Protocolo de Montreal, un tratado internacional firmado en 1987 que sirvió para reducir de forma eficaz la emisión de los CFC y frenar esta amenaza ambiental. Hoy, este sabio mexicano pretende lograr un éxito similar frente al cambio climático, convencido de que constituye un peligro gravísimo para el futuro de la Humanidad. La semana pasada visitó Valencia, donde formó parte del jurado de los Premios Jaime I, y firmó un manifiesto junto con otros 18 científicos galardonados con el Nobel para reclamar una acción internacional eficaz contra el calentamiento global.

PREGUNTA.– Los últimos informes del panel de la ONU sobre el cambio climático son realmente alarmantes. ¿Es la situación tan dramática como la pintan?

'Necesitamos un acuerdo internacional que eleve el coste de las emisiones contaminantes, para que los países paguen por su daño al medio ambiente'


RESPUESTA.– El cambio climático es probablemente la amenaza más grave a la que se enfrenta la Humanidad en este siglo. Desde luego, es la amenaza ambiental más importante porque es un problema global, que forma parte de un proceso de agotamiento de recursos naturales y una acumulación de desechos de nuestras actividades. Se trata de un problema que ya tenemos encima, y un síntoma del potencial que tiene la Humanidad para modificar toda la superficie del planeta.

P.– Sin embargo, quizás a nivel popular el oscarizado documental de Al Gore, Una verdad incómoda, y no digamos ya productos cinematográficos hollywoodienses como El día de mañana, han presentado un panorama exageradamente apocalíptico, ¿no le parece?

R.– Bueno, hay que distinguir entre películas concebidas sólo para entretener a la gente, y un documental como el de Al Gore, que ha contado con el asesoramiento de la comunidad científica. Es cierto que en algunos puntos exagera, pero por lo general presenta una visión consensuada por los expertos. Mi propio punto de vista, y creo que también el de Al Gore, no es apocalíptico. Es decir, no estamos hablando de que la civilización vaya a acabarse o que el cambio climático arrase con nuestra especie de un día para otro. Pero eso no quiere decir que los problemas a los que nos enfrentamos no sean muy serios. Las visiones apocalípticas pueden ser una excusa para no actuar, y no las comparto. Lo que necesitamos es tomar conciencia de que estamos ante un problema con consecuencias muy serias para buena parte de la Humanidad.

P.– ¿Considera, entonces, que estamos a tiempo de resolverlo?

R.– Sin duda, desde luego yo soy optimista al respecto. Ya poseemos las tecnologías que se requieren para afrontar el problema del cambio climático con éxito y reducir muy significativamente las emisiones de los gases contaminantes para impedir que el fenómeno se vuelva realmente peligroso.

P.– ¿Cuál sería la mejor receta para afrontar el problema?

'La energía nuclear sólo puede ser, como mucho, parte de la solución, porque primero habría que resolver sus problemas de seguridad y eficiencia'


R.– La receta tiene que combinar una serie de acciones que son plausibles y muchas de las cuales ya se están implementando, pero no a nivel global y con la fuerza que se requiere. En primer lugar, usar la energía de forma mucho más eficiente en todos los sectores, desde el transporte hasta la vivienda, la industria o la generación de electricidad, para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Al mismo tiempo, hay que reducir la deforestación y trabajar en la reducción de otros gases como el metano, que provienen de la ganadería y el uso de fertilizantes. Además, hay que fomentar el uso de energías renovables, como la solar y la eólica, que no usan carbón ni emiten CO2, y también desarrollar los biocombustibles como el etanol. Tampoco hay que olvidarse de una opción controvertida, como es la energía nuclear, que tiene sus inconvenientes, pero que con más investigaciones quizás podrían superarse. Y finalmente, yo también mencionaría la posibilidad de capturar el dióxido de carbono y depositarlo en pozos profundos para que no se emita a la atmósfera. Todas éstas son estrategias que ya existen, algunas más optimizadas que otras, pero que en cualquier caso nos pueden ayudar a mejorar mucho la situación en las próximas décadas.

P.– Algunos expertos, sin embargo, son mucho más radicales a la hora de apostar por una estrategia viable. James Lovelock, por ejemplo, está convencido de que las energías renovables no están suficientemente desarrolladas para resolver el problema, y que sólo la energía nuclear puede sustituir a los combustibles fósiles y salvar a la Humanidad del desastre.

R.– Conozco muy bien a Jim Lovelock, y somos amigos desde hace muchos años. De hecho, él desarrolló el instrumento que permite medir los CFC que deterioran la capa de ozono. Pero no comparto su postura sobre la energía nuclear porque si realmente quisiéramos generalizar su uso, tardaríamos muchísimos años en construir las centrales necesarias para reemplazar a los combustibles fósiles. En este sentido, podría resultar una opción mucho menos práctica que la expansión de la energía solar o eólica. Por eso, para mí la energía nuclear, como mucho, sólo puede ser una parte de la solución, pero en vez de lanzarnos a construir nuevas centrales, el primer paso debería ser el desarrollo de una nueva tecnología nuclear más segura y eficaz.

P.– En todo caso, según Lovelock, el tiempo se agota y no nos queda mucho para transformar radicalmente nuestro modelo energético.

R.– Es cierto, pero el hecho es que ya tenemos algunas soluciones para mejorar la situación. El problema es que no se están implementando en todo el mundo. Por ejemplo, se siguen construyendo plantas de carbón muy ineficientes en Estados Unidos o en China, y eso no hace más que empeorar el problema. Pero ya están emergiendo tecnologías que empiezan a ser realmente competitivas, como el caso de la energía eólica en España, que ofrecen soluciones. La energía nuclear, sin embargo, sigue teniendo un precio nada competitivo por sus altísimos costes. Yo creo que lo fundamental es que haya un acuerdo internacional que eleve el coste de las emisiones de gases invernadero, sobre todo el dióxido de carbono. Tenemos antecedentes como el Protocolo de Montreal, que estipula que no se produzcan los CFC que dañan el ozono, y eso ha funcionado muy bien. Esto podría aplicarse de la misma manera al problema de las emisiones de los gases que provocan el cambio climático, de tal manera que los países tengan que asumir el coste del daño al medio ambiente en sus economías. De esta manera, las energías alternativas que hemos mencionado podrían abrirse camino y encontrar su lugar. Pero de momento es tan barato usar energía de combustibles fósiles que nadie deja de utilizarlas. Está claro que no podemos contar con acciones voluntarias, así que necesitamos la intervención de los gobiernos para lograr cambios.

'Es insostenible decir que siempre ha cambiado el clima. Hoy no existe ninguna causa natural que explique el cambio de las últimas décadas.'


P.– ¿Pero no cree, tal y como ha demostrado la última reunión del G8, que sobran las buenas palabras pero siguen faltando compromisos vinculantes para lograr reducir las emisiones?

R.– Sí, desde luego, el compromiso internacional que aún no tenemos es el establecimiento de un coste alto para las emisiones contaminantes. Sabemos que puede hacerse, y de hecho el Protocolo de Kioto es un primer paso, pero sólo en los países que lo ratificaron. Esto tiene que suceder a nivel mundial y tiene que incorporar a los países en vías de desarrollo. Esto es vital porque países como China y la India no quieren aceptar que se eleve el coste de sus emisiones o que se imponga una limitación a su desarrollo económico. Pero si un futuro acuerdo internacional implicara este aumento del coste, y si al mismo tiempo hubiera una transferencia de fondos de los países industrializados a los países en desarrollo, creo que sería posible que lo aceptaran todos los países del mundo. De nuevo, tenemos el precedente de lo que pasó con el Protocolo de Montreal en el caso de la capa de ozono, cuando los países como China no tenían ninguna necesidad de firmar ese tratado porque ellos no habían contaminado la atmósfera, pero lo aceptaron y los firmaron no sólo para proteger el planeta, sino porque iban a contar con ayudas económicas para obtener refrigeración y aire acondicionado. Por lo tanto, sí es posible lograr un acuerdo internacional eficaz.

P.– ¿No le parece que el gran obstáculo sigue siendo la actitud del Gobierno de EEUU, que se resiste a asumir obligaciones en este terreno?

R.– Sin duda, pero siendo optimista, yo creo que estamos observando cambios muy grandes en la sociedad estadounidense. La intransigente postura inicial de Bush, cuando ni siquiera reconocía la existencia del problema, ya ha cambiado. Ahora ya aceptan el problema y quieren participar de alguna manera en los acuerdos internacionales. Pero lo que es aún más importante es que muchos sectores de la sociedad estadounidense ya están asumiendo compromisos por su cuenta, como California y muchos estados y ciudades del noreste, que han establecido programas propios de respuesta al cambio climático, con restricciones voluntarias a las emisiones. Además, hay iniciativas legislativas para intentar introducir leyes en el Senado por líderes que quieren implementar acciones. Lo más probable es que el próximo presidente sea un demócrata que responda al llamamiento de la población para que EEUU vuelva a liderar el proceso de impulsar un acuerdo internacional en el que participen países en vías de desarrollo, como la India, China, Brásil y México y asuman compromisos en este terreno.

P.– ¿Confía, entonces, en que los políticos finalmente escuchen a los científicos?

R.– Sí, porque además en EEUU ya no son sólo los científicos los que están haciendo un llamamiento muy fuerte al cambio, sino que buena parte de la población lo está haciendo. Incluso la Corte Suprema acaba de aprobar que el CO2 se considere un contaminante, gracias a la presión de un grupo de científicos en el que yo participé, y un grupo de abogados de organizaciones ambientales. Todo esto se está incorporando en el sistema legal americano, y por lo tanto sería muy sorprendente que con un nuevo presidente, EEUU no asumiera un nuevo liderazgo en este terreno y lograra que países como China y la India se unieran a un nuevo compromiso internacional.

P.- Algunas voces escépticas siguen defendiendo hoy que el calentamiento global no se debe a las acciones del ser humano, sino a ciclos meteorológicos naturales. ¿Qué le parece esta postura?

R.- Creo que sencillamente no se sostiene. El último informe del panel de expertos de la ONU es muy claro. Este estudio, en el que yo he participado, no nos da la certeza de que todos los cambios sean de origen humano, pero nos demuestra que en más del 90% de los casos, las emisiones contaminantes son la causa del aumento de la temperatura. No tiene ninguna validez decir que siempre ha cambiado el clima, y que el calentamiento actual no es más que un cambio natural más, porque hoy conocemos las causas fundamentales de los cambios importantes del clima en el pasado, como la inclinación de la órbita terrestre. Pero hoy no existe ninguna causa natural que explique el cambio repentino de las últimas décadas.

P.– Algunos científicos de EEUU han llegado a denunciar que la Casa Blanca les presionó para que silenciaran sus investigaciones sobre el cambio climático. ¿Tiene usted conocimiento de estas presiones?

R.– Sin duda, en Estados Unidos se ha demostrado que ha existido presión de la Administración del presidente Bush, porque durante muchos años su política fue negar el problema y tenían como asesores de la Presidencia a representantes de los departamentos de relaciones públicas de las industrias petroleras. Eso fue escándaloso, pero salió a la luz, y fue un esfuerzo concertado para eliminar del lenguaje de los informes científicos vinculados al Gobierno cualquier referencia a la amenaza del cambio climático. Esto fue un caso claro de presión política sobre la investigación científica, y sólo dejó de hacerse porque se denunció públicamente.

P.– ¿En qué estado se encuentra hoy el agujero en la capa de ozono?

R.– Está en relativamente buen estado. No es un problema totalmente resuelto porque todavía tenemos que preocuparnos de una serie de compuestos industriales que siguen afectando a la capa, pero básicamente el problema está controlado. Tenemos que asegurarnos de que estos compuestos ya no se produzcan o se eliminen, tal y como lo establece el Protocolo de Montreal. Sabemos que ese acuerdo está funcionando porque podemos medir en la atmósfera que los gases que deterioraron el ozono ya están disminuyendo, aunque de forma muy lenta, porque muchos de ellos permanecerán durante décadas, e incluso más de un siglo.

ALENCIA.- Mario Molina nació con hambre de conocimiento. Cuando sólo era un niño en su Ciudad de México natal, la insaciable curiosidad que ya sentía por comprender la naturaleza de las cosas era tan grande que decidió convertir uno de los cuartos de baño de su casa en un improvisado laboratorio de química. Y desde que se quedó totalmente fascinado por la belleza de las amebas al observarlas a través de un microscopio de juguete, siempre tuvo clara su vocación científica.

Tras licenciarse en Ciencias Químicas por la Universidad Nacional Autónoma de México, inició una larga trayectoria internacional realizando estudios de posgrado en la Universidad de Friburgo (Alemania) y doctorándose en Física Química por la Universidad de Berkeley (California). Posteriormente se unió al equipo del profesor Sherwood Rowland en la Universidad de California en Irvine, con el que colaboró para lograr el crucial descubrimiento que les llevó a ambos a ganar el PremioNobel de Química en 1995: el deterioro que estaba sufriendo la capa de ozono –el escudo natural que nos protege de los rayos ultravioleta del Sol– provocado por la acumulación de clorofluorocarbonos (CFC) procedentes de sistemas de refrigeración y otros procesos industriales.

Los trabajos pioneros de Molina sobre el agujero del ozono fueron la base científica sobre la que se estableció el Protocolo de Montreal, un tratado internacional firmado en 1987 que sirvió para reducir de forma eficaz la emisión de los CFC y frenar esta amenaza ambiental. Hoy, este sabio mexicano pretende lograr un éxito similar frente al cambio climático, convencido de que constituye un peligro gravísimo para el futuro de la Humanidad. La semana pasada visitó Valencia, donde formó parte del jurado de los Premios Jaime I, y firmó un manifiesto junto con otros 18 científicos galardonados con el Nobel para reclamar una acción internacional eficaz contra el calentamiento global.

PREGUNTA.– Los últimos informes del panel de la ONU sobre el cambio climático son realmente alarmantes. ¿Es la situación tan dramática como la pintan?

'Necesitamos un acuerdo internacional que eleve el coste de las emisiones contaminantes, para que los países paguen por su daño al medio ambiente'


RESPUESTA.– El cambio climático es probablemente la amenaza más grave a la que se enfrenta la Humanidad en este siglo. Desde luego, es la amenaza ambiental más importante porque es un problema global, que forma parte de un proceso de agotamiento de recursos naturales y una acumulación de desechos de nuestras actividades. Se trata de un problema que ya tenemos encima, y un síntoma del potencial que tiene la Humanidad para modificar toda la superficie del planeta.

P.– Sin embargo, quizás a nivel popular el oscarizado documental de Al Gore, Una verdad incómoda, y no digamos ya productos cinematográficos hollywoodienses como El día de mañana, han presentado un panorama exageradamente apocalíptico, ¿no le parece?

R.– Bueno, hay que distinguir entre películas concebidas sólo para entretener a la gente, y un documental como el de Al Gore, que ha contado con el asesoramiento de la comunidad científica. Es cierto que en algunos puntos exagera, pero por lo general presenta una visión consensuada por los expertos. Mi propio punto de vista, y creo que también el de Al Gore, no es apocalíptico. Es decir, no estamos hablando de que la civilización vaya a acabarse o que el cambio climático arrase con nuestra especie de un día para otro. Pero eso no quiere decir que los problemas a los que nos enfrentamos no sean muy serios. Las visiones apocalípticas pueden ser una excusa para no actuar, y no las comparto. Lo que necesitamos es tomar conciencia de que estamos ante un problema con consecuencias muy serias para buena parte de la Humanidad.

P.– ¿Considera, entonces, que estamos a tiempo de resolverlo?

R.– Sin duda, desde luego yo soy optimista al respecto. Ya poseemos las tecnologías que se requieren para afrontar el problema del cambio climático con éxito y reducir muy significativamente las emisiones de los gases contaminantes para impedir que el fenómeno se vuelva realmente peligroso.

P.– ¿Cuál sería la mejor receta para afrontar el problema?

'La energía nuclear sólo puede ser, como mucho, parte de la solución, porque primero habría que resolver sus problemas de seguridad y eficiencia'


R.– La receta tiene que combinar una serie de acciones que son plausibles y muchas de las cuales ya se están implementando, pero no a nivel global y con la fuerza que se requiere. En primer lugar, usar la energía de forma mucho más eficiente en todos los sectores, desde el transporte hasta la vivienda, la industria o la generación de electricidad, para reducir las emisiones de dióxido de carbono (CO2). Al mismo tiempo, hay que reducir la deforestación y trabajar en la reducción de otros gases como el metano, que provienen de la ganadería y el uso de fertilizantes. Además, hay que fomentar el uso de energías renovables, como la solar y la eólica, que no usan carbón ni emiten CO2, y también desarrollar los biocombustibles como el etanol. Tampoco hay que olvidarse de una opción controvertida, como es la energía nuclear, que tiene sus inconvenientes, pero que con más investigaciones quizás podrían superarse. Y finalmente, yo también mencionaría la posibilidad de capturar el dióxido de carbono y depositarlo en pozos profundos para que no se emita a la atmósfera. Todas éstas son estrategias que ya existen, algunas más optimizadas que otras, pero que en cualquier caso nos pueden ayudar a mejorar mucho la situación en las próximas décadas.

P.– Algunos expertos, sin embargo, son mucho más radicales a la hora de apostar por una estrategia viable. James Lovelock, por ejemplo, está convencido de que las energías renovables no están suficientemente desarrolladas para resolver el problema, y que sólo la energía nuclear puede sustituir a los combustibles fósiles y salvar a la Humanidad del desastre.

R.– Conozco muy bien a Jim Lovelock, y somos amigos desde hace muchos años. De hecho, él desarrolló el instrumento que permite medir los CFC que deterioran la capa de ozono. Pero no comparto su postura sobre la energía nuclear porque si realmente quisiéramos generalizar su uso, tardaríamos muchísimos años en construir las centrales necesarias para reemplazar a los combustibles fósiles. En este sentido, podría resultar una opción mucho menos práctica que la expansión de la energía solar o eólica. Por eso, para mí la energía nuclear, como mucho, sólo puede ser una parte de la solución, pero en vez de lanzarnos a construir nuevas centrales, el primer paso debería ser el desarrollo de una nueva tecnología nuclear más segura y eficaz.

P.– En todo caso, según Lovelock, el tiempo se agota y no nos queda mucho para transformar radicalmente nuestro modelo energético.

R.– Es cierto, pero el hecho es que ya tenemos algunas soluciones para mejorar la situación. El problema es que no se están implementando en todo el mundo. Por ejemplo, se siguen construyendo plantas de carbón muy ineficientes en Estados Unidos o en China, y eso no hace más que empeorar el problema. Pero ya están emergiendo tecnologías que empiezan a ser realmente competitivas, como el caso de la energía eólica en España, que ofrecen soluciones. La energía nuclear, sin embargo, sigue teniendo un precio nada competitivo por sus altísimos costes. Yo creo que lo fundamental es que haya un acuerdo internacional que eleve el coste de las emisiones de gases invernadero, sobre todo el dióxido de carbono. Tenemos antecedentes como el Protocolo de Montreal, que estipula que no se produzcan los CFC que dañan el ozono, y eso ha funcionado muy bien. Esto podría aplicarse de la misma manera al problema de las emisiones de los gases que provocan el cambio climático, de tal manera que los países tengan que asumir el coste del daño al medio ambiente en sus economías. De esta manera, las energías alternativas que hemos mencionado podrían abrirse camino y encontrar su lugar. Pero de momento es tan barato usar energía de combustibles fósiles que nadie deja de utilizarlas. Está claro que no podemos contar con acciones voluntarias, así que necesitamos la intervención de los gobiernos para lograr cambios.

'Es insostenible decir que siempre ha cambiado el clima. Hoy no existe ninguna causa natural que explique el cambio de las últimas décadas.'


P.– ¿Pero no cree, tal y como ha demostrado la última reunión del G8, que sobran las buenas palabras pero siguen faltando compromisos vinculantes para lograr reducir las emisiones?

R.– Sí, desde luego, el compromiso internacional que aún no tenemos es el establecimiento de un coste alto para las emisiones contaminantes. Sabemos que puede hacerse, y de hecho el Protocolo de Kioto es un primer paso, pero sólo en los países que lo ratificaron. Esto tiene que suceder a nivel mundial y tiene que incorporar a los países en vías de desarrollo. Esto es vital porque países como China y la India no quieren aceptar que se eleve el coste de sus emisiones o que se imponga una limitación a su desarrollo económico. Pero si un futuro acuerdo internacional implicara este aumento del coste, y si al mismo tiempo hubiera una transferencia de fondos de los países industrializados a los países en desarrollo, creo que sería posible que lo aceptaran todos los países del mundo. De nuevo, tenemos el precedente de lo que pasó con el Protocolo de Montreal en el caso de la capa de ozono, cuando los países como China no tenían ninguna necesidad de firmar ese tratado porque ellos no habían contaminado la atmósfera, pero lo aceptaron y los firmaron no sólo para proteger el planeta, sino porque iban a contar con ayudas económicas para obtener refrigeración y aire acondicionado. Por lo tanto, sí es posible lograr un acuerdo internacional eficaz.

P.– ¿No le parece que el gran obstáculo sigue siendo la actitud del Gobierno de EEUU, que se resiste a asumir obligaciones en este terreno?

R.– Sin duda, pero siendo optimista, yo creo que estamos observando cambios muy grandes en la sociedad estadounidense. La intransigente postura inicial de Bush, cuando ni siquiera reconocía la existencia del problema, ya ha cambiado. Ahora ya aceptan el problema y quieren participar de alguna manera en los acuerdos internacionales. Pero lo que es aún más importante es que muchos sectores de la sociedad estadounidense ya están asumiendo compromisos por su cuenta, como California y muchos estados y ciudades del noreste, que han establecido programas propios de respuesta al cambio climático, con restricciones voluntarias a las emisiones. Además, hay iniciativas legislativas para intentar introducir leyes en el Senado por líderes que quieren implementar acciones. Lo más probable es que el próximo presidente sea un demócrata que responda al llamamiento de la población para que EEUU vuelva a liderar el proceso de impulsar un acuerdo internacional en el que participen países en vías de desarrollo, como la India, China, Brásil y México y asuman compromisos en este terreno.

P.– ¿Confía, entonces, en que los políticos finalmente escuchen a los científicos?

R.– Sí, porque además en EEUU ya no son sólo los científicos los que están haciendo un llamamiento muy fuerte al cambio, sino que buena parte de la población lo está haciendo. Incluso la Corte Suprema acaba de aprobar que el CO2 se considere un contaminante, gracias a la presión de un grupo de científicos en el que yo participé, y un grupo de abogados de organizaciones ambientales. Todo esto se está incorporando en el sistema legal americano, y por lo tanto sería muy sorprendente que con un nuevo presidente, EEUU no asumiera un nuevo liderazgo en este terreno y lograra que países como China y la India se unieran a un nuevo compromiso internacional.

P.- Algunas voces escépticas siguen defendiendo hoy que el calentamiento global no se debe a las acciones del ser humano, sino a ciclos meteorológicos naturales. ¿Qué le parece esta postura?

R.- Creo que sencillamente no se sostiene. El último informe del panel de expertos de la ONU es muy claro. Este estudio, en el que yo he participado, no nos da la certeza de que todos los cambios sean de origen humano, pero nos demuestra que en más del 90% de los casos, las emisiones contaminantes son la causa del aumento de la temperatura. No tiene ninguna validez decir que siempre ha cambiado el clima, y que el calentamiento actual no es más que un cambio natural más, porque hoy conocemos las causas fundamentales de los cambios importantes del clima en el pasado, como la inclinación de la órbita terrestre. Pero hoy no existe ninguna causa natural que explique el cambio repentino de las últimas décadas.

P.– Algunos científicos de EEUU han llegado a denunciar que la Casa Blanca les presionó para que silenciaran sus investigaciones sobre el cambio climático. ¿Tiene usted conocimiento de estas presiones?

R.– Sin duda, en Estados Unidos se ha demostrado que ha existido presión de la Administración del presidente Bush, porque durante muchos años su política fue negar el problema y tenían como asesores de la Presidencia a representantes de los departamentos de relaciones públicas de las industrias petroleras. Eso fue escándaloso, pero salió a la luz, y fue un esfuerzo concertado para eliminar del lenguaje de los informes científicos vinculados al Gobierno cualquier referencia a la amenaza del cambio climático. Esto fue un caso claro de presión política sobre la investigación científica, y sólo dejó de hacerse porque se denunció públicamente.

P.– ¿En qué estado se encuentra hoy el agujero en la capa de ozono?

R.– Está en relativamente buen estado. No es un problema totalmente resuelto porque todavía tenemos que preocuparnos de una serie de compuestos industriales que siguen afectando a la capa, pero básicamente el problema está controlado. Tenemos que asegurarnos de que estos compuestos ya no se produzcan o se eliminen, tal y como lo establece el Protocolo de Montreal. Sabemos que ese acuerdo está funcionando porque podemos medir en la atmósfera que los gases que deterioraron el ozono ya están disminuyendo, aunque de forma muy lenta, porque muchos de ellos permanecerán durante décadas, e incluso más de un siglo.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bien compatriota, arriba mexico ca...

Gonzalo Javier dijo...

Hola.

Soy Gonzalo.
Les vengo a pedir ayuda para poder difundir lo mas posible mi reflexión sobre el calentamiento global.
Hasta hace poco la dejaba en blogs que trataran sobre el tema o que estuviesen relacionados al medio ambiente.
Ahora cree mi propio blog donde por ahora solo he publicado mi reflexión.
Denle un vistazo a mi blog y si les interesa y les gusta, por favor les pido que me ayuden.
No se muy bien como se maneja esto de los blogs.

Aca esta mi dirección de blog:

http://elgranretodelsiglo.blogspot.com/


desde ya muchas gracias.

Un gran saludo.