martes, mayo 15, 2007

El Nobel que vio el agujero en la capa de ozono advierte del riesgo de glaciación


Más de 500 expertos debaten en Bilbao sobre la manera de evitar el calentamiento global del planeta
FERMÍN APEZTEGUIA/BILBAO
«La atmósfera de la Tierra es una capa tan frágil y delgada como la piel de una manzana». La acción del hombre la está despellejando a mordiscos, unos en forma de emisiones descontroladas de CO2 y otros como degradación del suelo, sobreexplotación y pérdida de la biodiversidad. El Premio Nobel de Química Mario Molina utilizó ayer este símil para advertir desde Bilbao a la comunidad científica internacional de los riesgos del aumento de la temperatura que está experimentando el planeta a causa de la ambición sin medida de la especie humana.

Todo tiene su precio. En el supuesto de que el mundo se quede de brazos cruzados, las posibilidades de que a finales de siglo los termómetros registren una subida media de cuatro o cinco grados se sitúan en el 90%. Curiosamente, ese aumento del calor puede llevar a la Humanidad a tener que enfrentarse a una nueva glaciación. Según advirtió el experto, el riesgo de que un manto de hielo cubra la tierra se sitúa en el 10%. «La situación es preocupante y lo digo no ya como científico, sino como ser humano».

Mario Molina ofreció ayer en el Palacio Euskalduna la conferencia magistral que abrió la cumbre internacional sobre cambio climático que reúne estos días en Bilbao a 500 expertos en materia de medio ambiente. El mensaje que unos y otros, todos, trasladaron a la audiencia tuvo una doble vertiente. Es posible, según dijeron, que la temperatura media del planeta suba entre cuatro y cinco grados antes de fin de siglo y que las consecuencias de este hecho sean, en algunos casos, devastadoras. Pero también es posible contener el alcance del desastre.

El Nobel de Química del año 1995 explicó ante sus colegas que la Humanidad ha entrado ya en una era geológica llamada antropoceno, en la que la actividad del hombre preside el orden terrestre y condiciona cambios y extinciones. El clima ya no es el mismo que el mundo conoció hace sólo dos décadas. Han aumentado las mediciones de dióxido de carbono (CO2) en el aire, los periodos de sequía se han alargado y el número de inundaciones ha crecido sustancialmente. Un dato más: 2005, está demostrado, fue el año más caluroso del último milenio, pero los científicos están convencidos de que la Tierra soporta ya las temperaturas más altas de los últimos 10.000 años.

Incendios e inundaciones

«No importa dónde se libera un gas contaminante porque afectará a todo el planeta», explicó el experto, que preside un centro de investigaciones medioambientales en México y es profesor también de la Universidad de San Diego, en California. El científico explicó, en lo que llamó «el pulso del planeta», que un gas emitido en cualquier punto de Europa tarda aproximadamente un mes y medio en extenderse por todo el hemisferio Norte y que en un año ha envuelto el planeta. «Habida cuenta de que su permanencia en la atmósfera se calcula en un siglo, puede decirse que el punto de emisión es indiferente. El cambio -enfatizó- es global».

Los efectos del proceso descrito han comenzado a ser evidentes. En una conferencia directa, intensa, clara y al alcance del más profano en la materia, Molina fue desgranando una por una algunas de las consecuencias del calentamiento global que ya están aquí. «El Ártico se está derritiendo, al igual que numerosos glaciares. Han comenzado a aumentar las enfermedades. Las tasas de inundaciones e incendios forestales en los últimos 50 años se han disparado y hay cuestiones, como la sequía, que suponen ya un auténtico problema». Otro dato más: en 1970, un 15% del suelo del planeta estaba considerado como «tierra muy seca». Ese porcentaje, en 2002, alcanzaba ya el 30% de la superficie terrestre.

El actual consumo de recursos energéticos es además, insostenible. Según dijo el experto mexicano, si China utilizase el mismo modelo económico que Estados Unidos, los recursos naturales serían insuficientes.

Aún con todo, Mario Molina se mostró optimista al considerar que es posible cambiar esta tendencia si se opta por sustituir el carbón por gas natural, se fomenta la energía eólica, la eléctrica y la nuclear de manera combinada y se ponen en marcha planes para almacenar CO2 en pozos profundos. La puesta en marcha de este plan requeriría, según dijo, una inversión similar al 1% de la producción mundial. Mucho dinero. «Pero el coste de no hacerlo puede ser 20 o 30 veces superior».

1 comentario:

Anónimo dijo...

Desde Argentina, un ciudadano preocupado por esto vengo siguiendo desde inicios de los 90'
viendo de expandir la conciencia local de este gravisimo problema pa
ra el mundo entero, ya cada persona puede en forma simple, sin dinero y sin perder tiempo contribuir a bajar las emisiones y el consumo. Fernando Javier desde Cordoba Argentina ferlasagno@yahoo.com.ar